Hace como unos diez años terminé un programa para introducir en el sistema las facturas de compras de mercadería, también llamadas facturas de proveedores, y desde entonces el departamento de contabilidad (esto es, el contable de la empresa) lo ha estado usando regularmente. ¿ Mucho ? Pues tanto como unas dos mil facturas al año.

El departamento contable lleva bastante inquieto unas semanas, especialmente desde que a primeros de Julio tuvimos que cambiar el porcentaje de IVA de nuestras tablas, por lo que no me extraña que de cometa alguna torpeza. No en vano es parte de su responsabilidad comprobar que los resultados y los informes están bien. Como ya tenía hecho un pequeño análisis sobre el asunto pude garantizarle que no afectaría a nuestros procesos puesto que tanto el tipo de IVA como el porcentaje se guardaban con cada factura -en compras y en ventas- y es éste valor el que se emplea en los otros trabajos de extracción y transformación de datos. Vamos, que la famosa tabla de tipos de IVA sólo es significativa como auxilio para los formularios de entrada y para cuatro informes más en los que tiene que aparecer un porcentaje como encabezado.

¿ Bastó con eso ? Obviamente no. Ayer a última hora me dijo que el programa lo hacía mal, que no funcionaba, y esta mañana, llamado a capítulo, tuve que atender sus confusas explicaciones sobre el fallo. A partir de ahí la culpa ha sido en parte mía, por no atender a mi experiencia y pedirle que repitiese el proceso conmigo delante. Como estoy sobrecargado de trabajo y pierdo mucho tiempo en comunicarme con los homínidos he intentado mirar el fuente del programa (de una década atrás) y además de encontrarme con que es un trabajo bastante bien hecho y bien documentado (se nota que era yo con mucha más paciencia y menos hartazgo por los detalles), no he conseguido ver dónde está la diferencia. Por qué llevaba años funcionando de una forma y ahora, justo con un cambio en un dato base, fallaba miserablemente.

El departamento contable, comprensivo él, ha accedido entonces a utilizar el programa con datos reales y es cuando he visto por fin qué era lo que fallaba: el propio homínido, que a estas alturas de la existencia no se aclara. Por alguna extraña razón cósmica, y a raíz del cambio de IVA, el departamento contable decide que, en lugar de introducir el importe neto de la factura (tal y como siempre le ha pedido el programa), es mejor escribir la base imponible seguida del nuevo porcentaje de impuestos y allá que se las apañe el programa.

No he dicho ni palabra. Lo juro. Me he limitado a observar desde mi posición hasta que él mismo se ha dado cuenta de lo que había hecho. Y no le ha temblado el pulso, oiga, ha repetido la entrada automática con el importe correcto y ha dicho que ahora, precisamente ahora, el programa lo hace bien.

Mutis por el foro por mi parte.