Teatro: Lavar, marcar y enterrar

Una comedia en vivo, divertida y de buena factura.

Fui a verla solo al teatro Lara, en Malasaña, el sábado pasado. La zona es la que es, o en lo que la han convertido, un lugar de ocio quieras o no, así que paseos contemplativos y lugares de reposo más bien no.

El viaje desde Las Rozas ya es un poco pesado. Asumo que desde Cerceda con mi sentido extremo de la puntualidad será aún peor. Pero es que he estado buscando oferta de teatro por la sierra y está muy limitada. Y en Madrid es que está todo. Así que no sé qué haré los próximos meses para conseguir mi propósito de que mi vida en solitario tenga algún aliciente. Ya veremos.

Y hablando de la obra puedo afirmar que está muy bien. El escenario está integrado en la platea así que estás al lado de los actores y de lo que les pasa. La fila dos no es buena porque las sillas (no butacas) están alineadas y al mismo nivel por lo que tuve a alguien delante siempre. Un rollo, mejor la fila uno o la tres.

A estas alturas decir que la historia es original sería absurdo. La interpretación, especialmente los saltos temporales a los ochenta, son muy buenos. Casi diría que demasiado para mi gusto. Los viví y no me hizo gracia rememorar los modos y el habla tan a las claras.

Pero hubo una interpretación que me gustó mucho, especialmente porque al principio la chica no parecía encajar en modo alguno. Se trata de Rebeca Plaza. Pequeñita pero brava. Espero verla en más obras.

Y el que al final, tras los saludos, vendan el libro de la obra no sé si fue pintoresco o trágico. Espero que lo primero.

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